23 de noviembre

Infancia

Desarrollo social
Inclusión
Convivencia

La Municipalidad trabaja en 25 barrios con un programa especial para niñas y niños menores de tres años

Profesionales de diversas áreas profundizan acciones para el desarrollo infantil en sectores vulnerables, con acercamiento personalizado junto a padres e hijos a fin de promover vínculos afectivos.

La Municipalidad de Rosario lleva adelante el Proyecto de Desarrollo Infantil que permite potenciar las capacidades y habilidades de niñas y niños en barrios y zonas de población vulnerable, fortaleciendo el vínculo con sus padres o adultos cuidadores. La puesta en marcha del proyecto estuvo a cargo del Gabinete Social del municipio, a través del trabajo articulado de las secretarías de Desarrollo Social, Cultura y Educación y Salud y en el marco de las políticas de inclusión e integración social que lleva adelante el Estado local.

Estos espacios de Desarrollo Infantil funcionan en diferentes instituciones como centros de Convivencia Barrial y de Salud, permitiendo la participación de unas 400 duplas (madre/padre-hija/hijo). Los encuentros tienen una frecuencia semanal, y posibilitan el aprendizaje de hábitos cotidianos así como la experimentación, el juego y el despliegue de la afectividad y el cariño.

“Hace unos años lanzamos el Programa Infantil Educativo y vimos que era necesario también trabajar en el vínculo familiar de niñas y niños. Es fundamental promover el afecto y es por eso que emprendimos este desafío, estamos en 25 barrios de la ciudad pero aspiramos a llegar a 40”, detalló la intendenta Mónica Fein.

Cada espacio es sostenido por un equipo interdisciplinario, conformado por profesionales, entre ellos médicos, fonoaudiólogos y educadores, que confluyen desde diferentes áreas del municipio. Los equipos territoriales, junto al equipo técnico y el equipo de monitoreo del proyecto, trabajan en el marco de una política universal para las infancias, que entrelaza las acciones que se vienen desarrollando para la atención y acompañamiento del embarazo, el nacimiento y la crianza de niñas y niños, entre otras acciones que apuntan al fortalecimiento del Sistema de Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes.

Estos espacios trabajan especialmente el vínculo familiar, a través del encuentro de las duplas (madre/padre-hija/hijo), a las que se busca apuntalar. Asimismo, se promueve que las madres, padres o adultos responsables puedan desplegar nuevos recursos para el cuidado de las niñas y niños, ya que ese rol de acompañamiento y estimulación es fundamental para lograr que ellos puedan crecer y desarrollarse.

La experiencia en el Centro de Convivencia Barrial Distrito Oeste

Es lunes por la mañana y en el CCB Distrito Oeste está el equipo de Desarrollo Infantil esperando al grupo de madres e hijos que se animaron a participar de la propuesta que llevan adelante. Poco a poco, se van acercando para compartir una jornada de juegos, relatos y nuevas experiencias.

Lo primero que hacen, como cada lunes, es compartir el desayuno. Momento de encuentro y primer acercamiento a la calidez del espacio. La segunda parte de la jornada se enfoca en trabajar la identidad y la integración del grupo. Empiezan a circular por el lugar cartoncitos con los nombres de cada uno de los que participan del encuentro, uno a uno se van leyendo y son colocados en la pared a la vista de todos, reforzando la presencia de cada uno de los que integran el grupo.

El tercer momento permite poner en juego la palabra y el lenguaje. A partir de la narración, se van hilando historias, que tienen como protagonista a un elefante de peluche, cuyo nombre fue elegido por el mismo grupo.

A continuación, se hace presente el juego, a veces de caracter más motriz, otras veces más creativo, según explican las coordinadoras. Este lunes las protagonistas son las manos. Mamás e hijos se sientan en torno a una gran mesa donde van dibujando sus manos, al tiempo que circula una cajita tapada que contiene elementos de diversas texturas, que tienen que reconocer solo con el tacto y adivinar de qué se trata. Finalmente, luego de descubrir el contenido de la caja -polenta, arroz, papelitos de colores-, usan esos elementos para decorar sus dibujos.

La jornada termina con una canción compartida que invita a despedirse con afecto: "con mis manos te acaricio... con mi boca yo te beso... con mis brazos te abrazo... con mi voz te digo chau".

Palabras de los protagonistas

Laura y Natalí asisten habitualmente al Centro de Salud Stafieri, donde recibieron la sugerencia de sumarse con sus hijos a este espacio.

Laura participa junto a sus hijos: Ramiro de cuatro meses, Sol de dos años y Bruno de cuatro. Comenta que en cada encuentro hacen diferentes actividades como dibujar, pintar, cantar, jugar o contar historias. "Se trata de que ellos se integren, yo los acompaño, y de paso aprendo cosas", dice.

Natalí, por su parte, se acercó con la intención de ayudar al desarrollo de sus hijos. Renzo, de un año, tiene diagnóstico de autismo, y Lara, de dos, tiene una malformación congénita en los pies, Por eso esta propuesta resulta de gran ayuda para que ellos se vayan integrando con otros chicos.

Natalí sostiene que este espacio funciona como "un pre-jardín, un lugar para que vayan aprendiendo cómo será la vida escolar". Además, comenta con alegría que sus hijos se van integrando al espacio y que va observando cambios y avances en sus capacidades, "Lara lo disfruta mucho, Renzo se pierde bastante por el problema que tiene, pero le gusta y va aprendiendo cosas, por ejemplo, con los juegos pudo aprender las partes del cuerpo, que es algo que no estaba previsto por su diagnóstico, pero ahora dice los nombres de la cabeza a los pies".

Huellas observables en las trayectorias infantiles

Luego de despedirse del grupo de madres y chicos, las integrantes del equipo que trabaja en el CCB Distrito Oeste -María Fernanda (fonoaudióloga), Alejandra (psicóloga) y Gabriela (médica generalista), del Centro de Salud Stafieri; Verónica y Mayra, educadoras del CCB Distrito Oeste; y Cintia, de la Secretaría de Cultura y Educación-, continúan su labor retrabajando aspectos vinculados a las trayectorias de cada chico y del grupo en general, planificando los nuevos encuentros y evaluando el proceso general que van llevando adelante.

Liliana, subcoordinadora de la institución, destaca la importancia que tiene este proyecto para "brindarle herramientas a las mamás para poder cambiar el vínculo, poder jugar con los niños un rato, poder hablarles, hacerles una caricia, es fundamental, porque muchas veces ellas no han tenido esa experiencia".

Por su parte, Carolina, que forma parte del equipo técnico del proyecto, habla de los efectos que pueden observarse a corto y largo plazo en la vida de las niñas, los niños y sus familias. "El impacto uno lo ve inmediatamente en algunas cuestiones, pero el efecto a más largo plazo, el que es fundante, es el impacto en el lenguaje, en la comunicación, en el vínculo de la mamá con el niño y con todos los que van a venir después, con los hermanitos que vengan, o con las otras personas con las que se relaciona, con otras mamás, y se percibe un impacto final cuando se observa cómo llega el niño a la sala de tres".

Primera infancia: una etapa fundante

Desde hace dos décadas las políticas para la infancia de la Municipalidad de Rosario ponen en la escena primordial a las niñas y niños de la ciudad, impulsando diversos dispositivos abocados al objetivo de hacer efectivos sus derechos.

El trabajo puesto en marcha se construye a partir de una singular visión de esta etapa vital y de las necesidades que implica para lograr un desarrollo que potencie las posibilidades de crecimiento de cada persona.

Silvia Pezzoni, directora de Infancias y Familias, comenta al respecto que "el niño o la niña son sujetos de derechos y protagonistas de su desarrollo". Además, afirma que "en el intercambio con otros sujetos, con los objetos y consigo mismo, cada uno construye conocimientos, va internalizando modos, roles, funciones sociales, va apropiándose del mundo, lo que permite la constitución de la subjetividad, del propio ser".

Es precisamente para potenciar las posibilidades de niñas y niños que se diseñaron en Rosario estos espacios de Desarrollo Infantil, que contribuyen a que ellos puedan "conocer y apropiarse de su cuerpo a través de elementos simbólicos de la cultura: el juego, el lenguaje, las interacciones comunicacionales", concluye la funcionaria.