20 de septiembre

Cultura

Fiestas

Llamas, anhelos y ritual compartido en una nueva edición de la fogata de San Juan

Este miércoles se llevó a cabo la 11ª edición consecutiva de la liberación y quema de todo lo malo, dándole paso a lo nuevo a través de buenos deseos, en el Centro Cultural El Obrador.

El miércoles 26 de junio se desarrolló la tradicional fogata de San Juan en el Centro Cultural El Obrador, espacio que depende de la Secretaría de Cultura y Educación de la Municipalidad de Rosario. Como desde hace once años, este ritual invita a las y los ciudadanos a acercarse al fuego para liberar y quemar todo lo malo, dándole paso a lo nuevo a través de alegría y buenos deseos.

Mariela Mangiaterra, coordinadora general del Centro Cultural junto a Leticia Kettle (a cargo de la coordinación técnica), describió que la fogata del obrador reúne a distintas fiestas populares y que en América del Sur coincide con la entrada del solsticio de invierno. “Los pueblos originarios celebran esta fecha con rituales que intentan iniciar con buen espíritu el nuevo ciclo que comienza. Un poco se trata de juntarnos colectivamente para reunir fuerzas y ‘ayudar’ al sol en el momento que está más lejos de la tierra y alumbra con menos energía. Nos reunimos alrededor del fuego a desear que se vayan aquellas cosas que queremos que no estén más y a pedir por otras nuevas”.

Una tarde de diversión y celebración compartida

En el predio de zona oeste, vecinas, vecinos, niñas, niños y maestras comenzaron a agruparse pasado el mediodía para confeccionar máscaras. Una hora después, la compañía Mano a Mano desplegó todo su colorido circense con una gran performance para el disfrute general en la que no faltó ningún condimento: palo chino, minitramp, malabares con clavas y antorchas con fuego, acrobacia de piso, malabares de rebotes, látigos, monociclo y más.

Sin dudas, el grupo integrado por Rodrigo Möller, Caterina Stefanoff, Iván Boasso y Damián Foray se llevó un efusivo aplauso por parte del público gracias a su comicididad, destreza y dinamismo. El show de Mano a Mano fue coorganizado por el Centro Cultural El Obrador y el Centro de Convivencia Barrial 23 de Febrero.

Tras el cierre, uno de los miembros de la agrupación tomó el micrófono para decir que “encuentros como el de hoy no suceden ni en la televisión ni en internet, sino en este de tipo de espectáculos y espacios. Por eso hay que valorarlos y apoyarlos, porque son parte del movimiento cultural de un pueblo”.

El ritual siguió su curso; el viento fresco fue apaciguado por la calidez de un mate caliente. Pronto vendría el mejor soundtrack de la tarde: la leña ardiendo en una gran fogata que invitó a dejar ir lo malo y darle paso a lo nuevo. Pero antes, niñas y niños realizaron una recorrida por el barrio con máscaras y muñecos previamente confeccionados, y el sonido de silbatos como compañía, para avisar a la población que era el turno de encender el fuego. Fue una vuelta a la manzana, simpática y amena, que funcionó como un rito de aviso.

A las 17:30 llegó el momento esperado de encender la fogata. Mientras la leña iba consumiéndose y un sincronizado grupo tocaba los tambores, se fueron leyendo los deseos de vecinas y vecinos de todas las edades. «Deseo una sociedad más justa donde todos puedan ser libres e iguales»; «Deseo que vivamos mejor»; «Quiero una Play Station»; «Deseo que podamos estar mejor con la familia»; y «Deseo que desaparezca todo el rencor y la envidia»; fueron algunos de los múltiples pedidos realizados por gente de todas las edades.

Después se organizó una ronda y colorida danza alrededor del fuego, como una especie de ceremonia tribal que inducía, por algunos segundos, a un estado de trance: grandes y chicos tomados de la mano, simplemente bailando.

A modo de clausura, el crepitar del último fuego dio paso a las palabras. “Yo sé muy poco sobre los dioses, casi nada (…) Yo no sé casi nada sobre Dios, pero cuando deseo imaginarlo se me aparece el sol... Omnipresente, justo, indoblegable. (…) Y aquí sus hijos, adeudándole la mejor de todas las ofrendas, la única que el sol puede esperar. Salir al cielo, iluminar un día”. El poema Inti Raimi de Liliana Bodoc. en la voz de Mariela Mangiaterra, puso fin al ritual de justo encuentro.

obrador

El Obrador, una verdadera obra colectiva

Oficializado como centro cultural en 2013, El Obrador está emplazado en la zona oeste de la ciudad, en un área de población –en gran parte– relocalizada entre la que se encuentra un alto número de étnia qom, mocoví, guaraní, proveniente del norte del país y asentada en la ciudad en un flujo continuo de migraciones internas.

Con el propósito de facilitar el acceso a los bienes culturales tangibles e intangibles y enmarcando su trabajo en el respeto a la diversidad cultural, aborda el complejo entramado sociocultural articulando los diferentes saberes con el objeto de dar mejor calidad de vida a la población.

El trabajo de El Obrador se orienta a revalorizar los rasgos identitarios de esta población, a la promoción de sus derechos y a la búsqueda de la inserción en algún nivel de la economía formal.

Ofrece una gran variedad de ofertas culturales, educativas y de formación en oficios. Por otro lado se trabaja en microemprendimientos con perspectiva de desarrollo sustentable.

Mangiaterra explicó, minutos antes de la fogata, algunas de la actividades que allí se desarrollan: “Por las tardes sostenemos talleres de distintas disciplinas y lenguajes artísticos orientados a niñas y niños y por la mañana trabajamos con jóvenes. En este momento hay funcionando tres instancias del Programa Nueva Oportunidad: diseño de juguetes blandos, carpintería y huerta. Y hay otro nexo, que es una instancia superadora del programa, con jóvenes pensándose de algún modo asociativo con vías a constituirse como una cooperativa de trabajo”.

Cabe destacar que los talleres son todos de carácter gratuito e incluyen: hip hop, acrobacia, cumbia cruzada, serigrafía, Qomi (cestería textil), costura, bordado, tejido y manualidades,tejido a crochet, dos agujas y bordado mexicano, lengua Qom, circo y técnicas corporales para niñas y niños, alfarería para niñas y niños; plástica y juegos; diseño de accesorios, cartucheras y mochilas (para adultos); taller de nudos (para niñas y niños); guitarra y percusión.

Aquí funciona, además, un aula donde mayores de 14 años pueden concluir sus estudios primarios y también se dispone de un centro de fabricación de juguetes que llevó al surgimiento de Periférico. Objetos Lúdicos, proyecto que se dedica al armado de juguetes de madera con movimiento. “Están inspirados en la juguetería clásica, pero aggiornados y con estética contemporánea”, puntualizó.

Sobre el trabajo que se realiza en ese centro ubicado en la intersección de las calles Maradona y Espinillo, la coordinadora aseguró: “Intentamos ser un centro cultural que articule su trabajo con efectores públicos de la zona, centros de salud, centros de convivencia barrial y escuelas".

"Tratamos de desarrollar la labor con un concepto amplio de cultura: desde lo referente a la alimentación, el trabajo, la salud y otros aspectos. El barrio 23 de Febrero, al cruzar Rouillón, es conocido como barrio Toba. Eso le da una particularidad a lo que hacemos, ya que se pone acento en la interculturalidad y el intercambio entre las poblaciones con orígenes y trayectorias diferentes. En el Obrador trabajamos todos juntos”, agregó.

La voz de las y los vecinos

Laura Basualdo, mamá de Yair y vecina del centro cultural, contó que desde hace tres años asiste ahí y valoró la experiencia: “El Obrador es importantísimo para el barrio porque hay muchos chicos y chicas que están en la calle y que tienen un espacio con el cual pueden pasar horas realizando múltiples actividades. Estoy mil veces agradecida. La fogata de hoy fue hermosa".

"Mi hijo a veces no ve la hora de llegar y estar en El Obrador. La pasan muy bien y los maestros son muy especiales: adoran a los chicos y les transmiten paz. Manejan muy bien esa parte emocional; tratan de que las niñas y niños no peleen y no se agredan. Insisto, este espacio es muy importante porque le da contención a muchos chicos. Ellos vienen felices. Yo le digo mil gracias al Obrador y a las maestras y pido que esto continúe”, agregó.

Samuel, padre de Laura, también brindó su testimonio: “Para mí El Obrador es importante porque los chicos se entretienen y distraen con los talleres. Los saca de la calle. En el caso de mi nena, a ella le gusta ir y jugar con otras compañeritas y compañeritos, pintar y tomar la merienda. Espero que siga siempre así, en movimiento, y que sigan habiendo cosas para chicos y grandes. Realmente estoy muy agradecido”, afirmó.

Por último, Rosario, madre de Renzo, Santiago y Ailín, también expresó su gratitud manifestando que para ella y todas las madres es un espacio clave. “Para mí particularmente es una ayuda total, porque trabajo todo el día. Ahí los chicos aprenden cosas, se relajan y pueden realizar talleres: yo no podría enviarlos a otro lado a hacer eso, porque estoy trabajando. Además no están en la calle, eso es fundamental. Yo estoy contenta con lo que hacen en ese centro cultural y mis hijos están felices”.

Centro Cultural El Obrador

ESPINILLO 4250
Lunes a viernes de 09:00 a 15:00

mivaldata@hotmail.com \ 4805627