6 de abril

Distritos

Fiestas

Carnavales: en el Oeste el festejo reunió a 5 mil vecinos y vecinas

En un clima de convivencia y respeto, los asistentes disfrutaron del desfile de las comparsas surgidas de barrios del distrito. El cierre fue a pura cumbia de la mano de La Revancha.

El pasado sábado 15 de febrero se desarrolló con gran éxito la cuarta edición del Gran Carnaval Oeste, que en esta oportunidad tuvo a barrio Godoy como epicentro del festejo, donde miles de vecinos y vecinas disfrutaron de una animada jornada de convivencia sobre avenida Rivarola, entre Fader y Danieri, y con la plaza del barrio como escenario central. 

La fiesta comenzó con el desfile de Carumbé y siguió con la presentación de la comparsa Andorinhas do Verao, que se destacó con un vestuario cuya temática se centró en el cuidado del medio ambiente. Luego llegó el turno de Todo por un Sueño y de la comparsa Rekebra, que presentó un desfile con odaliscas recreando el mundo árabe.

Todas estuvieron acompañadas por una batucada con integrantes de todas las edades, desde niños y niñas hasta adultos mayores. En este sentido se destacó la comparsa Carumbé por tener en su agrupación personas con orientación sexual diversa.

La directora del CMD Oeste Felipe Moré, Daiana Gallo Ambrosis, destacó que “la fiesta superó las expectativas" y remarcó que "se desarrolló en un clima de convivencia e integración de todos los barrios que se mostraron con sus comparsas". Además, valoró la participación de las instituciones del barrio Godoy que “aportaron sus ideas para tener una organización adecuada para este tipo de eventos”.

Por su parte, Cristina, vecina de Cabín 9 e integrante de la comparsa Andorinhas do Verao desde hace tres años, expresó su felicidad por participar del evento. "Estoy muy contenta de bailar en esta comparsa, este año representamos a la naturaleza y todo lo que está relacionado con el medio ambiente, por eso tenemos los barbijos para mostrar la contaminación. Queremos dejar un mensaje de concientización”, graficó la bailarina.

“Mis hijas bailan en la comparsa Rekebra, que es una de las más antiguas de la zona oeste, por eso la seguimos hace años, y acompañamos el trabajo que la directora hace a favor de los chicos”, manifestó Laura, vecina del barrio que recibió este año los carnavales.

Los carnavaleros desfilaron ante 5 mil personas que se dieron cita en la plaza Rivarola, lugar en el que se levantó el escenario principal para el show de cierre a cargo de La Revancha, grupo musical que hizo bailar al público con los clásicos de la cumbia.

El Carnaval rosarino, una tradición histórica

Los primeros registros del Carnaval rosarino datan de las últimas décadas del siglo XIX, poco tiempo después de que Rosario fuera reconocida como ciudad. Existe archivo de los edictos policiales de la época que buscaban (sin éxito) contener las celebraciones de Carnaval a través de múltiples prohibiciones que eran sistemáticamente ignoradas.

Pero la época dorada de los carnavales rosarinos se ubica en la segunda mitad del XX. En la década del 60, bajo la intendencia de Luis Cándido Carballo, los Corsos Oficiales comenzaron a realizarse en el Parque de la Independencia con un éxito notable de convocatoria: de unas 400.000 personas a lo largo de toda la semana. Esto marcó uno de los primeros esfuerzos organizativos del Estado local, si bien anteriormente se había procurado delimitar horarios y recorrido del Corso sobre avenida Pellegrini.

La convocatoria para participar era abierta y registraba una notable diversidad. Desde carrozas lujosas a camiones de verdulería adornados con papel de diario, toda expresión era igualmente válida. La Municipalidad de Rosario se encargaba de armar los tradicionales mascarones o cabezudos, en cuyo diseño intervenía el notable artista plástico rosarino Alfredo Guido.

En esta época, el Corso comienza a ser encabezado por un entrañable personaje rosarino, el poeta Alfonso Aragón, quien recitaba versos de ocasión antes del comienzo del desfile. Por clamor popular y decisión oficial, Aragón fue denominado Rey del Carnaval y abrió las celebraciones durante treinta años.