21 de enero

Educación

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Desarrollo Humano

Avanza el proyecto Andamios para revincular a niñas, niños y adolescentes con la escuela

En el marco del Plan Cuidar, el municipio trabaja junto a la UNR y otras instituciones con el fin de fortalecer las trayectorias educativas tras la pandemia. Datos y testimonios elocuentes

La Municipalidad de Rosario tiene en marcha el proyecto Andamios, una propuesta destinada a niñas, niños y adolescentes vinculados a las instituciones municipales de los barrios que involucra distintas acciones territoriales y multiagenciales, desarrolladas de manera articulada con la Universidad Nacional de Rosario (UNR), para promover la revinculación a las escuelas de origen y a los Centros de Convivencia Barrial (CCB), a través de una planificación sociodeducativa flexible, dinámica y que retome contenidos escolares acreditables en el Sistema Educativo.

Andamios se creó para acompañar las trayectorias escolares que se fragilizaron y hasta se interrumpieron por la pandemia del coronavirus, la que no sólo agravó la situación social y económica de las familias, sobre todo en los barrios más vulnerables, sino que sumó el cierre temporal de las escuelas por la emergencia sanitaria y el casi nulo o escaso acceso a la conectividad, lo que generó una menor capacidad de estudio e impactó directamente en la deserción escolar.

La iniciativa -que promueve la inclusión y permanencia de chicas y chicos con instituciones, escuelas o CCB-, también incluye a sus familias en las propuestas de cada institución territorial. De esa manera, el abordaje adquiere una mirada integral y el CCB se consolidad como un espacio de acompañamiento, atención y cuidados. En ese sentido, el centro nuclea, a través de sus propuestas, las líneas estratégicas del Plan Cuidar.

El secretario de Desarrollo Humano y Hábitat, Nicolás Gianelloni, remarcó la importancia de trabajar de manera articulada con la UNR para garantizar el acceso a la educación de los chicos que más lo necesitan. “La alianza con la Universidad es sustancial para poder buscar y encontrar a las y los jóvenes e incentivarlos a revincularse con el sistema educativo”, explicó.

El equipo de trabajo del programa está coordinado por la Dirección General de Infancias y Familias y la Dirección de Juventudes, y está integrado por 40 jóvenes graduados y estudiantes de la UNR y otras casas de estudios, y dos coordinadores territoriales.

Cada “fortalecedor” tiene asignado un CCB de referencia u otra institución territorial en la que acompaña a grupos de niños, niñas y adolescentes en el fortalecimiento de sus trayectorias escolares a través de actividades que retoman los contenidos mediante el juego y las dinámicas lúdicas.

Lo distintivo del programa radica en la formación continua de los fortalecedores y en la evaluación que se va haciendo del proyecto, que enriquecen la propuesta y posibilitan nuevas líneas de acción.

La subdirectora de la Dirección de Infancias y Familias, Andrea Fortunio, describió: “Andamios es una propuesta que no sólo busca revincular a la segunda infancia y a los adolescentes a la escuela, también pretende construir una referencia y una nueva forma de vincularlos a los espacios municipales. No se trata solamente de poner en juego los contenidos escolares; se trata de crear un clima propicio para el aprendizaje, la recreación, la convivencia democrática y la vivencia de la diversidad en todas sus expresiones".

Y amplió: “No todos aprenden de la misma forma y en los mismos tiempos, ni tienen las mismas posibilidades o recursos. Por eso se vuelve fundamental establecer relaciones de respeto, colaboración y corresponsabilidad con las familias, la comunidad y otras instituciones del Estado y la sociedad civil, como las organizaciones sociales y la escuela, que son actores sociales muy importantes”.

Andamios es un proyecto que busca institucionalizarse y constituirse en una de las líneas programáticas de trabajo en Desarrollo Humano y Hábitat: desde su inicio se trabajó con 400 niñas, niños y adolescentes, se extenderá durante el 2022 y articulará compromisos con otras instituciones de los barrios para poder llegar a 1.000 chicos.

Las voces fortalecedoras

Belén Montiel tiene 23 años, estudia Trabajo Social, es fortalecedora del Centro de Convivencia Barrial (CCB) "23 de Febrero", ubicado en Maradona 5710, y explicó que el principal objetivo del programa es revincular a los chicos en los espacios educativos. "Muchos chicos viven en condiciones de vulnerabilidad y pobreza, durante la peor etapa de la pandemia abandoraron la escuela y también dejaron de tener vínculos con instituciones como los centros de salud, las vecinales y los CCB".

La joven contó que la mayoría de esta población -de entre 10 y 16 años- carece de contención y acompañamiento de un adulto, y muchos sufren violencia y malos tratos.

"Se les ofrece a los chicos hacer varias actividades, trabajando de manera personalizada y también de manera grupal. Se busca estimularlos y que en cada espacio hagan lo que les gusta y puedan ser escuchados", sostuvo Belén.

En referencia al modo de trabajo, la fortalecedora explicó que se hacen relevamientos, es decir, llevan un listado de chicos que dejaron de ir a la escuela, luego se los visita a domicilio y se les ofrece la posibilidad de volver a las aulas y a los CCB.

Belén trabaja con ocho chicos en el CCB y aseguró que "cada uno tiene una realidad diferente y se trabaja sosteniendo como marco la ley de Protección Integral de Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes".

Georgia Giordano tiene 27 años, es profesora de Educación Física y Tecnología, estudia abogacía y trabaja en el Punto Cuidar de barrio Sorrento. "Me encontré con una realidad durísima. Había muchos chicos que durante la pandemia dejaron de ir a la escuela. Algunos no sabían los colores y se los enseñé. Una nena de 10 años que aprendió el rojo viene todos los días con algo de ese color. Es complejo, pero a la vez gratificante".

En coincidencia con su par de zona oeste, la fortalecedora contó que "muchos chicos sufren malos tratos, no tienen voz y aprenden lo que ven". Y amplió: "A algunos les enseñé a ir al inodoro porque no sabían para qué servía. Otros sí saben leer y escribir. La mayoría de ellos vienen a que nos miremos, a reírse y a que les diga algo lindo".

Georgia trabaja con 12 chicos, de lunes a jueves de 9 a 14, y parte de su trabajo es ir casa por casa a buscar a los chicos para que retomen las clases en la escuela.

"Las clases son de acompañamiento y lo importante es hacerlos sentir bien a los chicos. Es un barrio complicado, todavía me queda mucho por descubrir y caminar", cerró Georgia.

La pandemia potenció la brecha en la educación

La escuela, que siempre fue un derecho para la equidad social, no estuvo al alcance de todas las niñas, niños y adolescentes. Muchos de ellos quedaron desvinculados de la escolaridad y otros (por fuerza mayor) tuvieron que incorporarse al circuito laboral informal debido a la recesión económica o la pérdida de trabajo de su grupo familiar.

Según un informe de UNICEF para América Latina y el Caribe, son contundentes las consecuencias que implicó el cierre prolongado de los establecimientos escolares y el regreso a clases con formatos acotados de presencialidad: "En educación, el 6% de los hogares afirmó que algún niño, niña o adolescente abandonó la escuela durante 2020 (al menos 357.000 chicos y chicas) y el 19% de los que abandonaron, afirmó no haber retornado en 2021 (al menos 67.000)".

El abandono tiene incidencia en todos los segmentos de la sociedad, aunque afecta en mayor medida a los sectores más vulnerables de la población.

En ese marco, la Argentina tiene un alto nivel de interrupción e irregularidad de la escolaridad. La provincia de Santa Fe tiene más de 4.800 establecimientos educativos que durante el 2020 estuvieron cerrados por el virus. Eso significa que cerca de 900.000 niñas, niños y adolescentes no asistieron a las aulas y en la actualidad lo hacen con dificultades.

En definitiva, la pandemia del coronavirus afectó desde el 2020 el derecho a la educación -reconocido por el artículo 28 de la Convención sobre los Derechos del Niño- de cientos de miles de estudiantes y las consecuencias fueron más perjudiciales donde las vulnerabilidades son mayores.